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ARBIL, anotaciones de pensamiento y critica

Un Patriota

Quiero dejar constancia de mi gozoso hallazgo: He encontrado a un español que es un patriota, un verdadero patriota, un patriota de categoría. Es un hecho sorprendente.

Julio Monreal Híjar, hijo de mi amigo Mariano Monreal Amador (que, por cierto, es pariente de un alto miembro de la Familia Real) es, a mi entender, una persona digna de un profundo estudio antropológico. ¿Qué tiene, en su cerebro, Julio Monreal? ¿Qué, en su corazón?

Que su cerebro es un cerebro excepcional es harto evidente. Basta seguir el hilo de su vida. Nacido en Zaragoza, muy pronto se despertó en él su peculiar vocación científica. De chico se las ingeniaba para construir, con sus hermanos, rudimentarios cohetes con los que lanzaba al aire una cápsula con un ratón dentro que, gracias a un paracaídas casero, volvía vivo -y asustado- a la tierra. Julio Monreal cursó muy brillantemente en Madrid los estudios de ingeniero aeronáutico; y obtuvo el doctorado en la Universidad de Provenza (Marsella), de la que fue, luego, profesor. Conscientes los franceses de su alta capacidad intelectual, se preocuparon de que ya no saliera de la influencia científica gala. Ocupó en Francia puestos de gran responsabilidad que culminaron, nada menos, en la dirección del Centro de Kourou, de la Agencia Espacial Europea, en al Guayana francesa. Desde ahí ha dirigido, hace poco, el lanzamiento del famoso cohete Ariane 5 que, al poner en órbita dos grandes satélites de telecomunicaciones, abre amplias perspectivas en la experimentación del ambiente espacial y coloca a Europa en un lugar relevante en la carrera tecnológica emprendida por las primeras potencias.

Muy distinto al del común de los mortales debe de ser el cerebro de Julio Monreal cuando en plena juventud ha alcanzado ya logros de tal magnitud. Seguro que algo especial tendrán sus neuronas, sus sinapsis, sus prolongaciones protoplasmáticas.

Pero todavía más que su cerebro me llama la atención su corazón. Y me refiero al corazón no como órgano central de la circulación de la sangre, sino como lugar en que, en sentido figurado, se alojan los más nobles sentimientos. Que ¿qué sentimiento peculiar anida en el corazón de Monreal ? Uno raro, rarísimo entre los españoles ; y, en el grado eminente en que él lo posee, resulta un sentimiento verdaderamente insólito, único. ¡Se trata de que Julio Monreal es un patriota!

Nuestro hombre ama a España, lo afirma, lo pregona; tiene a gala ser español; no abdica de tal condición por nada del mundo. Al ser nombrado en Francia para los altos cargos a los que accedió, se le conminó -como condición imprescindible- a renunciar a su nacionalidad y a adoptar la francesa. No transigió. Prefería ser español al brillo de su carrera. Francia no le quiso perder, e hizo con él una excepción. Tras el triunfo del lanzamiento del Ariane 5, los franceses le consideraron (indebidamente) francés; le adornaron con laureles; le felicitaron, empezando por el propio Presidente de la República. Los españoles, en cambio, le ignoraron. Son actitudes que están en las habituales líneas de actuación de unos y otros. Los franceses llevan el patriotismo en la esencia de su ser. Para los españoles, en general, es un concepto arrumbado.

¿Por qué ? No lo sé (o no lo quiero saber). Amar a la patria es una cualidad positiva que tiene una raíz natural: como amar a la madre, a la familia, al lugar de nacimiento, a la tierra de los mayores...; afectos que no excluyen otros más universales, como el de desear y procurar el bien y el progreso de la humanidad, que es precisamente a lo que Monreal se consagra.

Tal vez la clave de su patriotismo se halle en la escala sucesiva de quereres, antes mencionada, que tiene a la familia muy cerca del individuo mismo.

Y es que Julio Monreal pertenece a una familia singular: muy unida numerosa, con once hermanos. Si este hecho fuera determinante de su amor a España, a mi amigo Mariano Monreal, su padre, habría que atribuirle una parte importante del mérito del patriotismo del hijo científico. Compartiría Mariano, naturalmente, ese merecimiento con María Pilar, su esposa, su "santa esposa".

En todo caso, quiero dejar constancia de mi gozoso hallazgo: He encontrado a un español que es un patriota, un verdadero patriota, un patriota de categoría. Es un hecho sorprendente cuando ahora, para gran parte de los españoles, la patria no existe, España ya no es España, no tiene ni nombre, y la Historia piensa escribirse no de acuerdo con los hechos reales acontecidos en el pasado, sino según el consenso alcanzado en las negociaciones de los políticos.

En fin, quede el testimonio escrito de la existencia de un español patriota. Y, para que su nombre no sucumba en nuestro territorio, lo salvo y lo lanzo en este artículo que recorrerá el mundo por los canales internacionales de Internet. Es posible que, en algún lugar del planeta, el nombre de Julio Monreal Híjar sea recogido por un cohete espacial para llevarlo a lo más alto del firmamento

Patricio Borobio *


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