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ARBIL, anotaciones de pensamiento y critica

La nueva sexualidad

"Esto, señor, es una digresión, espero su argumento." Tal fue la respuesta, citada por De Quincey, de alguien a quien arrojaron un vaso de vino durante una disputa teológica o literaria. Del mismo modo habría que responder, quizás, a quienes se burlan de ciertas virtudes.

En oportunidades, a la hora de llevar adelante mis reflexiones y estudios acerca de la sexualidad, he sentido una particular preocupación en torno a actitudes que se reflejan en diversos ambientes y que aparecen como contradictorias.

No es poco habitual encontrarse con que en muchos medios, especialmente en grupos cada vez más «abiertos» de la sociedad, se toma una actitud a la que podríamos llamar «ridiculización del que intenta vivir una virtud». Por ejemplo, si alguien (varón o mujer) es estudioso, se le dice despectivamente «traga»; si es bueno, «buenudo»; si es ordenado, «mariquita»; si es virgen, «maricón». La pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué se hace burla de esa persona? O, dicho de otro modo, ¿por qué no se critica a la virtud, si es que de veras se quiere criticar algo, en lugar de dedicar tanto esfuerzo en «gastar» al virtuoso? ¿Por qué no se demuestra lisa y llanamente, si se es mejor, que se es mejor y punto? ¿Por qué tanta gente se vale de la burla, la presión o la agresión verbal? Y en el fondo ¿por qué no se deja que la persona siga en paz con lo que considera es su misión? ¿Por qué molesta tanto la virtud? (Virtud: hábito operativo bueno).

No nos atrevemos a emprender una vida en la que los males del pasado queden ovidados; una nueva vida parece suponer males nuevos, y preferimos enfrentarnos a males ya conocidos.

Al principio de la nota había mencionado una contradicción. Paso a reflejarla: así como cuando alguien manifiesta una virtud se le ataca, es igualmente frecuente ver en quienes formulan la crítica actitudes contrapuestas cuando se habla de temas que les atañen (¿hipocresía?) Seré más claro. Muchas veces, cuando se habla de alguna conducta equívoca sin personalizar, y con el solo afán de ser fieles a la honestidad intelectual, en determinados círculos (que coinciden con los anteriores) se lo considera una afrenta personal, como si con una afirmación referida a un valor determinado se estuviera buscando ofender a alguien en particular.

Al ver actitudes de este tipo, el primer reclamo que viene a mi mente es: que se sea honesto; que se diga simplemente "no se puede" o "no se quiere", pero que no se ridiculice el valor de la virtud ni se diga que es imposible practicarla por el hecho de que para quien lo dice parezca ser así. La virtud no busca agredir; simplemente es manifestada (de palabra o con la vida); por lo tanto no es legítimo atacar a una persona por hacer algo que no daña a los demás con el mero pretexto de que "es imposible".

Creo que todo se debe a algo más profundo que un simple e inocente juego verbal: "estamos tan convencidos de que los males del pasado se tienen que repetir, que hacemos que se repitan. No nos atrevemos a emprender una nueva vida en la que los males del pasado queden olvidados; una nueva vida parece suponer males nuevos, y preferimos enfrentarnos a males ya conocidos. Por lo tanto, nos aferramos al mal que se ha hecho ya nuestro, y lo renovamos todos los días hasta que nos identificamos con él y el cambio ya no es concebible" (Merton). Casi inconscientemente nos enfrentamos a aquellos que con su vida nos anuncian algo distinto y hasta los atacamos, no vaya a ser cosa que tengan razón y nos muestren una nueva alternativa a nuestra condición de prisioneros del pasado.

De este modo todo cambio nos parece ya imposible. Cuando uno analiza ciertos aspectos de la sexualidad como la castidad, la conducta sexual adecuada, la fidelidad y, en definitiva, el amor puro, el regreso a la pureza y a la transparencia (enemiga de la hipocresía), nos los hacen aparecer como un camino clausurado. Justamente ese es el camino nuevo que nos ofrecen las virtudes humanas para afrontar con éxito el futuro sin repetir el pasado y viviendo con plenitud y creatividad el presente.

La virtud surge como una verdad existencial, vital; nace del fondo del hombre y en él se resuelve. Para captar esta verdad debemos estar abiertos al conocimiento del verdadero valor de las cosas.

He aquí la importancia de entender el verdadero significado de la virtud y saber por qué ella va de la mano con la verdad, a la cual no se puede atacar directamente so pena de que se nos vea como irracionales. En el fondo, es por eso que se apunta a quien enuncia la virtud y procura vivirla; esto es una muestra clara de la debilidad del ataque. Como dice Julián Marías: "En eso reside la fuerza de la verdad, que no es agresiva, que se puede contentar con presentarse y manifestarse, segura de resistir a toda prueba. Esto explica la propensión a recurrir a la violencia contra la verdad, porque es el único argumento que se posee contra ella. Y por eso mismo, la verdad provoca irritación, expresión casi inevitable del temor." Y más allá de «ataques» y «defensas» (en este caso hablar de bandos no conduce a nada) me gustaría brindar un aporte concreto para que todos busquemos vivir mejor.

La virtud surge como una verdad existencial, vital; nace del fondo del hombre y en él se resuelve. Para captar esta verdad debemos estar abiertos al conocimiento del verdadero valor de las cosas y luego dar paso a la voluntad a fin de establecer con el mundo un juego de relaciones equilibradas que den lugar a respuestas nuevas y renovadoras: respuestas virtuosas.

Llevar adelante esta captación requiere del uso de la libertad orientada a lo que es mejor para cada uno en cuanto persona y hacia los demás. Esta es, en definitiva, la esencia de la libertad. Esta es la esencia de la pureza que nos hace falta para vivir el verdadero "presente de la sexualidad".

Esta es la pureza original que jamás debimos haber perdido y que aún podemos recuperar. Esa pureza que nos permitirá ver la luz en el aparente desorden. Pureza, palabra que corresponde a un contenido: capacidad de salir de nuestra subjetividad, y posibilidad de encontrar a los otros por encima de cualquier cálculo egoísta. Pureza que es dato (nos es dada) y tarea.

Pureza que el mundo de hoy quiere hacernos creer que no existe o que es imposible de practicar. El mundo quiere hacerles creer a nuestros jóvenes que la pureza y la transparencia son cosas del pasado, pero la pureza es eterno presente, es siempre nueva.

Mucho se discute hoy acerca de la educación sexual, cuando en realidad todo es parte del mismo problema: no necesitamos a los agoreros de la técnica o de la información, como tampoco necesitamos «profesores de ética pública»; nos hacen falta personas que vivan aquellos valores cuya ausencia tanto nos preocupa.

Eduardo V. D’Agostino. *


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