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Mossèn Cinto Verdaguer, poeta català, poeta hispà Indice de Revistas Misión

ARBIL, anotaciones de pensamiento y critica

Editorial.

Demos un paso adelante: hagamos nuestras las afirmaciones "yo creo", "yo me sacrifico", "yo me formo", "yo trabajo" y "yo soy español", como afirmaciónes comprometedoras y personales para colaborar la regeneración social

Al menos un grupo de hombres y de mujeres queremos -alejados de la mediocridad del medioambiente, dar un paso hacia adelante, con la mirada hacia arriba: hacia adelante por el camino de la restauración nacional, y mirando hacia arriba, porque la fortaleza necesaria para seguir andando por él requiere que los ojos del alma busquen en oración el apoyo que viene de lo alto. Para ello, claro es, se hace preciso un paréntesis de recogimiento interior, de autoconvencimiento, que nos inmunice contra el desviacionismo suicida de soluciones preparadas por el sistema materialista.

Ese camino de restauración nacional es, ciertamente, algo objetivo, y es ante todo, un camino personal y, por ello, una conducta, un comportamiento, un modo de ser y de obrar subjetivo, intransterible, que no puede traspasarse a otro, por razones de comodidad o de cansancio, porque si ello fuese así, nos haríamos solidarios -a pesar de nuestras quejas y de nuestra indignación inoperantes- de la dimisión histórica de la civilización.

Afortunadamente, tenemos, para estímulo de la esperanza, ejemplos sugestivos en nuestro pasado, que nadie ha dicho que no se puedan repetir en el futuro.

Lo que importa es descubrir el secreto de cada uno de los episodios nacionales transformadores, hacerlo nuestro y movilizarnos conforme a sus propias exigencias dinamizantes, ilusionantes y emprendedoras. Ese secreto incide en la totalidad crítica, es decir, en la crisis religiosa, en la crisis moral, en la crisis cultural, en la crisis económica y en la crisis nacional.

· Frente a la crisis religiosa, el camino de la restauración de España postula un gran acto personal de Fe, y de Fe teológica, que contemple a su luz el quehacer histórico de nuestro pueblo; un pueblo que, de algún modo, deseamos que viva en gracia, es decir, que se gobierne y rija por un ordenamiento jurídico y unas costumbres concordadas con las exigencias del Evangelio. Este acto de Fe puede condensarse en la fórmula ambivalente del "yo creo", porque el que cree, crea, y porque en nuestro idioma el yo creo es no sólo primera persona en presente indicativo del verbo "creer", sino también primera persona en presente indicativo del verbo "crear".

"Fuertes en la Fe", como nos pide el texto sagrado. Fuertes en la fe, para preservarla, como virtud y como Credo, en el orden personal y en el ámbito de la "res pública", de los ataques, incluso, de quienes están obligados, por razón de su ministerio, a respetarla, defenderla y predicarla.

· Frente a la crisis moral, el camino de la restauración de España nos pide la adhesión espiritual y profunda a la fórmula del "yo me sacrifico", que equivale a decir que no rehuyo un puesto en el combate, por modesto y humilde que sea, que no regateo mi ayuda económica, que no escatimo el tiempo que haya que dedicar a la tarea, que pongo al servicio de la causa mi influencia, mi prestigio, mis cualidades, y que acepto de antemano los perjuicios que de ello se me sigan, llámense aislamiento social, pérdida de ingresos, burlas socarronas o difamación sin escrúpulos.

· Frente a la crisis cultural, el camino restaurador de España me espolea a vincularme al compromiso que pone de relieve la fórmula del "yo me formo", que es tanto como adquirir la preparación que las respectivas profesiones y oficios requieren para su rendimiento social, pero también asimilar la doctrina básica, teológica, filosófica y política, cuyo tramado convincente proporciona la seguridad dialéctica que subsiste, a pesar de los avatares históricos, de la mudanza de las gentes y del variable diapasón emotivo personal.

· Frente a la crisis económica, el camino de restauración de España nos apremia a intimarnos, en medio de la desgana y la apatía, con un "yo trabajo"; pero no un "yo trabajo" solamente para resolver mis problemas y los de mi familia, para abrirme paso, para no sucumbir golpeado y maltratado por el deterioro que avanza, sino para invertir el sistema, para sustituir la demagogia estéril de la palabra hipócrita, vacía y escandalosa por otro diferente en el que la iniciativa privada, la empresa libre, la economía de mercado y la vigilancia e intervención justa de la Administración, órgano del Estado para el servicio del bien común, nos devuelva la justicia social y económica.

· Frente a la crisis nacional, el camino de restauración de España se reconduce, en su órbita subjetiva, a la fórmula que hoy puede producir escalofrío: "yo soy español", y no de nacimiento o geografía, sino español histórico y de mi tiempo, español de ahora, que no se avergüenza del pasado y que no tiene ninguna razón para ocultar su españolia, que quiere seguir siendo español, que sabe que ser español es "una de las pocas cosas series que se pueden ser en el mundo".

Hago hincapié en la fórmula "yo soy español", expresada con sencillez y no exenta de energía, porque entiendo que aquí, en esta radicalidad esencial, más que existencial, se halla la clave de la restauración de España. Si no hay españoles de verdad, al ciento por ciento, compenetrados con el ser de la Nación, no podrá seguir existiendo España. El problema de España no es otra cosa que un problema de españoles. ¿Somos nosotros, entre tantos, esos españoles que España necesita para su restauración nacional?


Cada uno de vosotros dará la respuesta, no con las palabras que el viento se lleva, sino con la conducta que el viento no puede arrancar.


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