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Portada revista 42

El concepto del Amor en el pensamiento y obra de Sören Kierkegaard Indice de Revistas Mujer, negra y esclava

ARBIL, anotaciones de pensamiento y critica

Irlanda: historia de una opresión.

El artículo hace un resumen histórico sobre el problema irlandés y resume las posiciones de los diferentes actores del mismo.

Para entender el problema nos hemos de remontar al año 1170, cuando, con la caída de Dublín en manos del inglés conde Pembroke, se inicia la lenta agonía del pueblo gaélico. En 1536, después de una larga serie de tristes episodios, Irlanda es ya una colonia inglesa en la que el racismo y la barbarie hace décadas enteras que dictan su ley. Pero es en este año (1536) cuando viene a añadirse el problema religioso, ya que Enrique VIII rompe su sumisión a Roma, y dicta una llamada "Acta de Supremacía", que bien pronto tratará también de aplicar en Irlanda.

Pese a todas las presiones, los isleños resisten. Irlanda, cristianizada por San Patricio, reserva de la espiritualidad católica durante el largo periodo en el que Europa vivió sujeta al yugo bárbaro, se identifica demasiado con su fe como para renunciar galanamente a ella por el mero capricho de un monarca extranjero. El cisma, pues, no prospera, y en 1569, ya bajo el reinado de Isabel I, la conferencia de Munster acuerda "la defensa de Irlanda y de la religión católica". Se traza así, por vez primera, el enunciado de una lucha que es la misma que anima, todavía, la justa rebeldía de los condados del Norte, y que ha convertido al Ulster en una gigantesca hoguera.

Isabel, como todos los monarcas posteriores, reacciona contra los rebeldes y ordena su aplastamiento por las armas. Y también, por vez primera, surge la idea de construir un enclave protestante en la zona más gaélica de Irlanda (el Ulster). Será en el siglo XVII, después de una serie de matanzas, cuando se empiezan a repartir miles de hectáreas entre colonos presbiterianos de origen inglés y escocés, para ir sustituyendo físicamente a los irlandeses. Como los colonos son minoría, y con el tiempo pueden acabar deglutidos en la masa irlandesa, tal como pasó con los normandos, Londres rompe hasta el último de los puentes, y entre los autóctonos y los forasteros, entre católicos y protestantes, entre los gaélicos y los sajones, entre los explotados y los explotadores, no habrá el menor contacto y se castigará duramente cualquier aproximación.

En 1641, los irlandeses no pueden más. Las vejaciones y humillaciones les lanzan a empuñar las armas y consiguen deshacerse en grandes zonas de muchos colonos. Pero el enemigo está en la isla de al lado y envía un gran ejército para vengar los agravios. La guerra dura 12 años y los irlandeses son derrotados. Cinco sextas partes de la población irlandesa ha muerto, los dos tercios del suelo isleño es repartido entre los colonos, y son pocas las casas de católicos que quedan en pié. A partir de ahora los irlandeses aun serán más duramente reprimidos, no podrán trabajar en la administración, ni poseer un caballo de precio superior a cinco libras. El clero, animador vital de la rebelión, será castigado. Uno de los obispos, Monseñor Queely, cayó combatiendo en campo abierto, pero otro, Monseñor MacMahon, es ahorcado... mientras sacerdotes, mujeres y niños serán vendidos en las Indias Occidentales como esclavos.

Con la restauración de los Estuardos en la Gran Bretaña cambia un poco la situación y la cosa se suaviza. Jacobo II aún es mas condescendiente con los católicos, pero desgraciadamente es derrotado por Guillermo de Orange, implacable enemigo del "papismo".

Los orangistas.


En 1689, apoyado por Luis XIV de Francia, Jacobo desembarca en el Eire, al frente de un ejército compuesto por refugiados irlandeses y tropas galas. La preparación de estas fuerzas es escasa, y el pueblo irlandés está agotado. Aun así se cerca Derry, ciudadela en manos de los protestantes, que no se rinden después de tres meses de asedio. Pero los católicos fracasan y para postre el propio Guillermo de Orange aparece mandando un cuerpo de veinte mil hombres, y en Boyne, el primero de Julio de 1690, acaba por completo con las fuerzas que se le oponían.

Desde entonces, cada año, estos acontecimientos vienen siendo conmemorados clamorosamente por los protestantes del Ulster, y la noche del más despiadado colonialismo vuelve a caer sobre el Eire. Y es a partir de ahora cuando al movimiento de opresión protestante se le denominará también "Orangista".

Represión y respuesta global.


La maquinaria represiva continuará desarrollándose y junto a los sajones se instalarán ahora numerosos hugonotes franceses, aventureros sin escrúpulos, funcionarios rapaces, clérigos fanáticos anticatólicos y toda clase de chusma. Los sacerdotes católicos no podrán oficiar misa, al católico que se le encuentre una espada se le ahorcará inmediatamente y se endurecerán las medidas contra la lengua Gaélica.

Mientras, el hambre fuerza a los irlandeses a la emigración, pero estos siguen velando para que su personalidad no se pierda. Desafiando los atroces castigos, los padres enseñan a leer a sus hijos y les dan lecciones de historia. Los sacerdotes ofician y llevan esperanzas a los fieles en burla constante de la muerte. Y día a día, las nociones de patria, de libertad, de justicia y de religión se van entremezclando y convirtiendo en motor general de todas las batallas, en causa por la que luchar y sacrificarse.

Los desastres británicos en la guerra de América del Norte hacen que la represión en Irlanda disminuya, pues no se puede mantener tanta presión. En 1778, se les permite heredar y hacer leyes, y cuatro años mas tarde se autoriza la enseñanza de los católicos y el libre ejercicio de su culto, y esto les convierte en algo parecido a seres humanos.

La nueva política hace crecerse al movimiento irlandés, pues estos ven que los gobiernos británicos tarde o temprano se cansarán en su tarea de represión. "Si nos dan un dedo es porque podemos tomarnos toda la mano; si nos dan la mano es porque podemos tomarnos todo el brazo", piensan. Por otra parte, el ejemplo de las colonias que se han ido independizando abre ciertas esperanzas al movimiento irlandés. ¿Porqué no seguir la huella americana?

En 1783, tiene lugar en Dublín una gran convención nacional, cuyo capítulo de conclusiones despierta la alarma de los protestantes. Nace como consecuencia de esta convención la Liga de los Irlandeses Unidos que, poco a poco, multiplica sus efectivos y que, en 1796, cuando ya suma casi medio millón de miembros, desata la insurrección. El nuevo caudillo independentista se llama Wolf Tone. Cuenta con el apoyo de una armada francesa, que ha zarpado de Brest, pero el mal tiempo la dispersará por el océano y sus cuarenta unidades no podrán intervenir,

Pese a este fracaso, dos años mas tarde, en Mayo de 1798, se plasma otra sublevación en Dublín, pero los "Yeomanry", la milicia protestante, aplasta sangrientamente a los revoltosos. No obstante, al poco tiene lugar un segundo desembarco, y esta vez Wolf Tone es capturado, y se le corta el cuello en el calabozo adonde había sido conducido. Tone supo recoger el apoyo de la burguesía mas radical de la isla, pero no supo granjearse el apoyo de los masas campesinas, pues lo veía todo a través de los esquemas de la Revolución Francesa, y este enfoque le restó el apoyo de ciertos sectores de la sociedad irlandesa.

Alertados por la escalada de insumisiones, y temiendo que su vecina colonia cayera bajo la férula de Francia, los ingleses decretan, en 1800, la "unión" entre Gran Bretaña e Irlanda. A la Cámara de los Lores irán veintiocho pares y cuatro obispos, elegidos por sufragio. A la de los Comunes, cien diputados. En otros términos, Irlanda vuelve a desaparecer del mapa, aunque ahora de forma mas disimulada.

Ni que decir tiene, los representantes "irlandeses" en Westminster pertenecen al estrato colonizador, pero en 1828, el joven abogado, Daniel O'Connel obtiene un acta de diputado, y aunque se niega a jurar lealtad a la corona protestante, es admitido en el parlamento. Es el primer católico que entra en aquel alto organismo: su presencia resulta explosiva. O'Connel, además, es un gaélico de pura cepa, un luchador firme y un patriota que cree arrebatadoramente en la bandera que empuña. Refundador de la Asociación Católica, que había sido disuelta anteriormente, consigue la abolición de los abusivos diezmos que los católicos debían pagar en calidad de tales y más tarde organiza la "Rapeal Association", cuyo fin no es otro que el de destruir el acta de unión entre Irlanda y la Gran Bretaña.

Para llevar a cabo sus proyectos, O'Connel reúne asambleas multitudinarias, a las que acuden decenas de miles de irlandeses, que ven en el eclipse del Acta de Unión el remedio para sus miserias y frustraciones. El Domingo 8 de Octubre de 1843, en Clontarf, se esperan un millón de manifestantes, y Wellington, comandante británico, asustado, prohibe el mitin. O'Connel, ante esta reacción, y sabiendo que los ocupantes no vacilarán en disparar, lanza un llamamiento suspendiendo la manifestación. Esta actitud no es comprendida, y el famoso combatiente muere cuatro años mas tarde, despreciado por la mayor parte de quienes le habían seguido.

En 1845 y hasta 1847 aparece una devastadora plaga, que destruye las cosechas de patatas: el alimento clave de la dieta irlandesa. El hambre es feroz y sus consecuencias fatales. Seiscientas mil personas fallecen y ochocientas mil emigran. Los campesinos se arruinan y pierden sus tierras.

En Londres, por supuesto, no se mueve un dedo en favor de los damnificados, pues en realidad el conflicto les beneficia. Primero porque muchos se van y otros mueren, y "muerto el perro muerta la rabia", y el problema irlandés se suaviza. Y después porque una parte de esa inmigración va a parar a los centros industriales británicos, como Londres, Liverpool, Manchester, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, como mano de obra barata.

Mientras que unos se van, otros permanecen, y el viejo espíritu rebelde precipita una enésima sublevación, otra ves en Munster, que es sofocada como las anteriores, pero que dará al país una bandera: la verde, blanca y naranja, que hoy flamea sobre los mástiles oficiales del Estado libre de Irlanda y en las barricadas de Belfast, de Derry, y de todos aquellos lugares en los que la resistencia católica hace frente a los golpes de un enemigo ya varias veces secular.

En 1867 tiene lugar otro alzamiento, que tampoco triunfa y que lleva a la cárcel, severamente condenado, al arzobispo católico de Dublín. Pero ya, para esos momentos, una nueva etapa comienza: la de la lucha por el "Home Rule", o lo que es lo mismo, por la autonomía de Irlanda; una autonomía tras la que se trasluce, claramente, una meta definitiva: la independencia.

La batalla por el "home rule".


El primero en lanzarse a la arena política, con la bandera del "Home Rule" en la mano, es Parnell, que cuenta con una inteligencia lúcida, una severidad desusada y un completo convencimiento en la misión que le anima. Parnell convence a Gladstone, primer ministro y jefe del partido liberal, que siempre había mostrado su comprensión por los problemas irlandeses, y logra que se le quite a la iglesia protestante el monopolio de la isla. En 1886 Gladstone presenta el proyecto del "Home Rule", pero en un principio este será rechazado.

Tras muchos obstáculos, y vencidas muchas aprensiones, en Abril de 1912 es aprobado el "Home Rule". El parlamento irlandés tendrá poderes limitados, quedando en manos de la corona la defensa, la diplomacia, la política extranjera y la política aduanera.

Los británicos ya empiezan a especular con la partición de la isla, idea que poco a poco irá tomando forma.

Mientras tanto en el Ulster los acontecimientos se precipitan. La región se encuentra formada por ocho condados, cuatro de los cuales son de mayoría protestante presbiteriana, dos católica, y los otros dos, compartida entre ambas confesiones. Pero el poder político y económico pertenece absolutamente a los protestantes. El primero de Julio de 1912 en las celebraciones de los "orangistas", los protestantes gritan: "Home Rule means Rome Rule", o lo que es lo mismo, "El gobierno propio es el gobierno de Roma".

Las amenazas protestantes no son para tomarlas a broma, sobre todo porque disponen ya de una fuerza armada propia. Su creador es Edward Carson, un abogado de Dublín y antiguo combatiente de la guerra contra los boers. El ejército secreto protestante es bautizado como "Ulster Volunteer Force"; sus efectivos ascienden a ochenta mil hombres, mandados por veteranos generales de las campañas de la India. Disponen de buen armamento, enfermeras, e incluso autos blindados.

Lógicamente la situación no hace más que deteriorarse. El movimiento "Sinn Féin" (Nosotros mismos), que agrupa a los patriotas irlandeses, no quiere el "Home Rule" si éste va a significar el desgajamiento de una región de la isla.

Los unionistas, por su parte, continúan su escalada de intransigencia, y el "premier" se entrevista con Edward Carson para ofrecerle, como solución de momento, que los condados del Ulster se sustraigan al "Home Rule" durante seis años. Evidentemente Carson se niega. Los protestantes siguen levantando el tono e incluso el alcohólico lord Winston Churchill, alabado por su comportamiento "siempre" democrático, llega a amenazar al movimiento irlandés diciendo: "... a la fuerza (católica), nosotros responderemos con fuerza".

Para que la situación se calme, y tener controlados a los unionistas, los británicos mandan dos batallones hacia Irlanda del Norte, pero tanto los oficiales como los soldados, que simpatizan con los exaltados presbiterianos, se niegan a batirse contra estos. Y este caso de clara sedición no será ni el primero ni el último.

El 24 de Abril de 1914, la Alemania del Káiser echa leña al fuego. Un barco germano desembarca secretamente 25.000 fusiles t tres millones de cartuchos, destinados a los unionistas del "Ulster Volunteer Force". Berlín sabe que la guerra en Europa se acerca y quiere crearle problemas a la Gran Bretaña.

El 26 de Julio de 1914 se producen varios choques, pues los patriotas del sur también reciben armas, y como consecuencia hay varios muertos y heridos.

El 2 de Agosto comienzan las hostilidades en Europa, y se inaugura una tregua, que habrá de durar casi dos años; exactamente hasta el mes de Abril de 1916.

Pascuas sangrientas.


En el propio campo irlandés la guerra europea suscita reacciones diversas. Un grupo, capitaneado por Redmond, decide enrolarse en el ejército británico para ir a luchar contra los alemanes en Flandes y Bélgica. Se trata, indudablemente, de una aberración. Visten el uniforme de sus opresores, el uniforme que han llevado los verdugos del Eire, para tomar partido en una lucha entre imperialistas. Pero el gesto, sintomático de la confusión llevada por el virus del colonialismo a la isla, tiene precedentes en todos los meridianos. Estos irlandeses de Redmond se alinean junto a los cipayos, los askaris, los gurkas, los harkis... Son la pincelada europea dentro de un recargado cuadro de gentes que colaboraron con quienes le explotaban.

Naturalmente, una mayoría de irlandeses cree que su puesto no está ni con el rey Jorge V ni con el Káiser, sino con Irlanda. Opinan que los sucesos bélicos pueden favorecer a la causa de un nuevo alzamiento, y lo preparan activamente.

El Lunes de Pascua de 1916, mientras las campanas de las iglesias llaman a los fieles a la plegaria, un grupo de valientes, que cuentan con pocos fusiles, salen a la calle.

El golpe insurreccional, descargado por sorpresa, proporciona una ventaja inicial a los irlandeses. De todas las maneras, el balance de fuerzas es ya, desde el principio, negativo para los hombres del "Sinn Féin". No son más que setecientos o mil sin entrenamiento alguno, mientras que la guarnición se compone de cinco mil soldados. Desde el balcón principal del palacio de Correos, que han asaltado, Pearse proclama "el gobierno provisional irlandés" y lanza un vibrante llamamiento "en nombre de Dios y de las generaciones desaparecidas que nos han legado las viejas tradiciones nacionales". La declaración de independencia lleva siete firmas. Todos ellos serán fusilados, al acabar los sucesos, en el patio de la prisión de Kilmainham.

La reacción de los británicos no se hace esperar. Las órdenes de Londres son draconianas, y para cumplirlas, columnas de infantería armadas hasta los dientes salen de la base de Curragh, fuerzas de fusileros llegan desde Templemore, artillería pesada desde Athlone, etc.

Pese a su desventaja numérica y material, los patriotas venden caro el suelo. Durante toda la semana se resiste. Todo el barrio de O'Connel Street presenta un aspecto dantesco bajo los incendios, las explosiones y el espectáculo de los cadáveres desventrados. Por fin, el Sábado, agotadas todas las fuerzas, el palacio de Correos cae.

La última intentona para liberar a Irlanda de su yugo ha causado 1.351 muertos. Pero no serán los últimos. Diez días después del alto el fuego comienzan las ejecuciones sumarias. Uno de los condenados es un hombre de treinta y cuatro años, nacido en Nueva York, hijo de un español y una irlandesa, que será crucial para la causa gaélica. Se llama Eamon De Valera, y durante los combates ha mandado una fuerza de cien hombres. Sin embargo, un acontecimiento va a salvarle: su origen neoyorquino.

El hijo de un español.


En Norteamérica, país que cuenta con varios millones de ciudadanos con raíces irlandesas, lo ocurrido en las Pascuas sangrientas y la brutalidad de la reacción británica, ha causado vivísima impresión. Y para la opinión pública, el "americano" De Valera es una víctima a la que hay que rescatar del verdugo.

Su padre fue un español, cordobés para mas señas, que emigró en busca de fortuna a los EE.UU.. Por ese entonces, la minoría hispana emigrada desde sudamérica a los Estados Unidos aún no se había instalado en Nueva York, por lo que el señor De Valera (padre), se encuentra en un ambiente cultural y religioso distinto. Como católico, encuentra en los barrios irlandeses las iglesias en las que puede practicar su culto, y será en la práctica de la Misa dominical en donde conocerá a su futura esposa. De su matrimonio nacerán varios hijos, bautizando a uno de ellos como Eamon. El joven Eamon bien pronto resaltará por su madera de líder, y en su corazón siempre estará presente la tierra irlandesa de su madre. Esta se encargará de hablarle de la vieja Irlanda ocupada por los británicos, y el resto lo hará el ambiente que se vive en los barrios y guetos irlandeses de Nueva York. Por lo que el joven Eamon, al igual que otros jóvenes con sangre gaélica, siempre soñará con volver a la tierra de su madre con la intención de liberarla. Y así lo hizo, implicándose en el levantamiento armado de la Pascua de 1916 y cayendo prisionero de los británicos.

Desde su celda escucha las descargas de los pelotones de ejecución, esperando su turno. Pero mientras tanto, en Norteamérica, la minoría irlandesa se moviliza, implicando al resto de los americanos, pues no se puede permitir que se fusile a un ciudadano con "nacionalidad norteamericana". Atemorizados por las violentas campañas que se desatan desde la costa del Atlántico a la del Pacífico, Londres acuerda la mutación de la pena de muerte por la de cadena perpetua.

La cárcel, que sufre en Dartmoor, sólo se prolonga por un año. Los británicos, ante la presión popular irrefrenable, le liberan, y su prestigio le lleva, en el acto, a la presidencia del partido "Sinn Féin". Poco después obtiene un acta de diputado por el condado de Clare, pero enemigo de prestar el juramento obligatorio a la corona, jamás llegará a sentarse en los Comunes. Naturalmente, el caudillo hispano-irlandés sigue conspirando, y finalmente tiene que huir a los Estados Unidos pues sus enemigos quieren volver a detenerlo. En los EE.UU. lleva a cabo una brillante gira de conferencias para explicar el drama del Eire.

En 1920, tras la aplicación de una amnistía, De Valera está de nuevo en Dublín.

Negociaciones.


Las negociaciones entre los patriotas irlandeses y los ocupantes se abren, y empiezan los primeros contactos.

Los británicos, como los "demócratas liberales"· de todas partes, sólo saben basar su dominio en la opresión, y cuando no pueden mantener más sus posturas, hablan de respeto y de tolerancia.

Por fin, las conversaciones dan un fruto: Irlanda del Sur se gobernará a sí misma y entrará en la Commonwealth. Evidentemente, no se trata de independencia, sino del "dominion". Y, lo que es peor, de la partición, puesto que el Ulster tendrá identidad distinta y propia.

Uno de los negociadores fue Michael Collins, quien no tuvo más remedio que pactar la división de Irlanda. Collins era un antiguo combatiente y hombre de confianza de De Valera. Por causa del pacto ambos se enfrentaron, ya que De Valera nunca reconoció la división de las dos Irlandas. Finalmente el IRA, en una emboscada, ejecutó a Collins, quedando éste en el más absoluto de los olvidos.

La triste "libertad", así conseguida, abre de nuevo las puertas de la tragedia. El IRA, el Ejército Republicano Irlandés, se lanza al combate contra el ejército colonial inglés, contra las fuerzas paramilitares y militares protestantes... y contra el ejército regular de Dublín. La guerra es dura y se prolongará hasta el mes de Abril de 1923.

Mientras tanto en el Ulster, los protestantes tienen todo el poder político y económico, y los católicos pueden seguir siendo tratados como perros.

El Estado Libre de Irlanda.


La partición de la isla es injusta, pero la II Guerra Mundial ofrece a Irlanda una nueva posibilidad de "hacer algo".

Los británicos intentan que los irlandeses entren en el conflicto, pero De Varela se niega. Ante todo está la reunificación de Irlanda.

Los protestantes del Ulster sí se implican con los aliados, y en los astilleros de Belfast se construyen buques de guerra.

Las escuadrillas de la Luftwaffe, en sus "raids", llegan en varias ocasiones sobre el Ulster y bombardean diversos objetivos, entre ellos fábricas de armamento. Durante esos bombardeos, los comandos del IRA sabotean la acción de los encargados de apagar las llamas. La policía descubre también importantes alijos de armas guardados, para secundar cualquier posible desembarco alemán.

El fin de la contienda señala una nueva etapa en la historia irlandesa. En 1945, los sindicatos nacionales retiran su filiación a los sindicatos británicos, a los que se considera extranjeros, y en 1953, cuando fallece Jorge VI, el Eire (Irlanda del Sur), rechazando el juramento de fidelidad a Isabel II, se convierte en República.

Este nuevo estatuto, con todo, no modifica demasiado la situación, puesto que el gobierno de Dublín (Irlanda del Sur) se halla, cada vez más, en manos de una burguesía conservadora, que teme a los patriotas y activistas, y que pretende no sólo el apoyo de la Gran Bretaña, sino también el de los Estados Unidos.

El 12 de Diciembre de 1956, el IRA desencadena una ofensiva por sorpresa contra veinte instalaciones militares, policiacas y estratégicas del Ulster. La ofensiva pone en pie de guerra a las tropas inglesas y a sus auxiliares, desencadenándose una vasta represión. Paralelamente, el Gobierno de la República de Irlanda, donde el IRA hace ya muchos años que se encuentra al margen de la ley, monta grandes operaciones para desarticular a los que son llamados, oficialmente, "grupos terroristas". Y una larga serie de miembros del IRA y del partido "Sinn Féin" son encerrados en el campo de Curragh. La policía del Ulster, mientras tanto, colabora activamente con la del Eire en la caza de los "terroristas".

Aunque Dublín (Irlanda del Sur) continúa reivindicando, por simple rutina, sus derechos sobre el Ulster, la verdad es que la colaboración con Londres resulta cad vez más estrecha, y la dependencia -desde el punto de vista económico-, de día en día más grande. En la Gran Bretaña trabajan un millón de irlandeses, cuyos giros a las cajas de ahorros del Estado libre resultan una aportación valiosa para éste. El 75 por 100 de las exportaciones del Eire van a parar a su poderoso vecino, y sólo un 10 por 100 a los países de la C.E.

Pero mientras Dublín, Londres y el Gobierno Unionista y protestante del Ulster se entienden, la población católica del Ulster, desde 1922, vive en condiciones vergonzosas, y a todo el problema nacional y religiosos se le añade definitivamente el problema social y la lucha de clases.

A finales de 1968 se inician en el Ulster toda una serie de violencias que irán aumentando en los años siguientes, poniendo en serios compromisos a los gobiernos de Dublín. Estos, oficialmente, están con los patriotas, pero, entre bastidores, la actitud no es tan decidida. No obstante a medida que se radicaliza el problema, Dublín tiene que "mojarse", y sobre todo, porque el actual gobierno sólo cuenta con una mayoría de cinco escaños en el parlamento, mientras que el "Sinn Féin", que empieza a definirse como una organización patriótica de izquierdas y nacionalista irlandesa, robustece sus posiciones.

La danza en la cuerda floja continúa a lo largo de todo el año 1970, y en Agosto de 1971, cuando el terrorismo británico, mediante la "Ley de internamiento", provoca estragos en el Ulster, y Dublín sólo sabe crear campos de refugiados para los que quieren escapar del Norte, portavoces del Ejército de la Irlanda del Sur proponen emprender una guerra de guerrillas contra el ejército británico. Pero sólo será el 28 de Octubre de 1971, en Munnley, Eire, donde tropas irlandesas y británicas entablarán fuego por primera vez, debido a unos roces entre soldados británicos, y tropas fronterizas del Sur de Irlanda.

Los soldados de su "graciosa majestad." Agosto del 69, el conflicto se endurece.


La primera vez que los soldados británicos fueron movilizados en el Ulster, después de la II Guerra Mundial, fue en 1956. La segunda, en 1969. Esta última vez, los soldados llegaron a mediados de Agosto, para formar una barrera entre los católicos y los protestantes. Los soldados en un principio fueron bien recibidos por los católicos, ya que venían como una fuerza pacificadora, pues en los últimos meses los protestantes habían atacado, y asaltado los barrios católicos de determinadas zonas, quemando, matando y arrasando con todo lo que se encontraron a su paso.

En un principio parecía que se vivía en plena luna de miel. Se intentaron buscar soluciones al conflicto, pero al final no se llegó a ningún acuerdo y no se buscaron soluciones viables, y el ejército fue a encontrarse en el desagradable papel de punta de lanza dc la clase protestante.

Desde ese momento la conducta de la tropa no ha podido ser mas deleznable. Pero es lógico. Para los soldados de su Graciosa Majestad, sajones y protestantes en su abrumadora mayoría, el "enemigo" se encuentra perfectamente claro desde el momento mismo en el que ponen el pie en el Ulster. El "enemigo" es, por supuesto, el irlandés, el católico, el feniano. El otro no, porque enarbola la bandera dc la "Union Jack", se declara ultraleal a la Corona y le aplaude entusiásticamente desde cada esquina.

La brutalidad y salvajismo de las tropas británicas es bien conocida por todos, ya lo pudimos observar cuando lo de las Malvinas. Pero en Irlanda deI Norte, esa brutalidad aun recoge tintes mas escabrosos, y los crímenes se suceden uno tras otro, con el permiso de los tolerantes y demócratas de Londres.

Las situaciones de brutalidad se cuentan por miles, pero eso si, siempre son "legales". Aun se puede recordar el asesinato a sangre fría de unos activistas dcl IRA, en el peñón de Gibraltar. Primero se les dio el alto, y después de que los activistas levantaras sus brazos e hicieron saber que estaban desarmados, entonces, miembros del SAS dispararon a placer sobre los tres combatientes irlandeses. La acción fue totalmente legal, y sus autores fueron condecorados. Así es la justicia británica, y así será en todos los lugares en donde se encuentren, ya sea en las Malvinas, en Gibraltar, o en e1 Ulster.

El domingo de sangre (Bloody Sunday).


En el Ulster, la represión siempre está presente, y el horror sigue reservándonos capítulos inéditos e impensables. Uno de esos capítulos fue la masacre de Derry, el día 30 de Enero de 1972. En esa jornada varios miles de católicos efectuaban una marcha en pro de los derechos cívicos. Caminaban pacíficamente, sin armas, pero el ejército de su Graciosa Majestad no estaba dispuesto a consentir que en su presencia se manifestasen gentes que solo pedían justicia y que sólo se limitaban a remachar una serie de consignas tremendamente cargadas de urgencia y razones: -Un hombre un voto. Pues todo el poder político estaba en manos dc los protestantes. -Un hombre un trabajo. Pues los católicos eran discriminados simplemente por su religión, llegando en algunas zonas a estar el 80 por ciento de la población parada. -Una familia una casa, ya que casi la totalidad de las viviendas estaban en manos de los protestantes, y las ayudas oficiales eran solo para estos.

Pues bien , los soldados, sin previo aviso, dispararon, y, según su costumbre, lo hicieron (esa fue la respuesta dada mas tarde) "como respuesta al ser hostigados por armas de fuego". Una explicación manida y banal, ya que los únicos soldados heridos lo fueron por golpe de piedra y no de bala.

Mientras tanto el espectáculo que se registraba entre los manifestantes era atroz. La matanza produjo 14 muertos y un sin fin de heridos. Desde que ocurrieron estos hechos ya ha pasado mucho tiempo, pero aun nadie ha sido castigado.

Sólo el IRA se tomó la apropiada venganza, haciendo saltar por los aires, en la propia Gran Bretaña, uno de los pabellones de la unidad responsable del "Domingo de Sangre". Hubieron algunos muertos, más bien pocos, y la reina Isabel II, que estaba de gira por el sudeste asiático, no tardó en expresar públicamente su repulsa y conmiseración por lo ocurrido. Detalle curioso: las lágrimas reales no habían caído días antes por los muertos de Derry.

Desde entonces, cada año, a finales de Enero el Sinn Féin organiza una manifestación que transcurre por el lugar dc los hechos, siendo el poder de convocatoria tremendamente inmenso, lo que confirma que la herida sigue abierta.

Los niños.


Una de las cosas que resaltan enormemente en el Ulster, son los niños. En los barrios católicos, donde la pobreza hace estragos, hay niños por doquier. Es curioso ver como se pasean y juegan delante de las tropas británicas, entre los fusiles y las ametralladoras de estos, como si nada pasase. En muchas ocasiones son los niños los primeros que actúan contra las fuerzas de ocupación británicas. Los niños de Irlanda del Norte, los niños católicos de los "ghettos" del Ulster, ocupan, pues, una plaza en la primera linea de la confrontación armada y no siempre bajo condiciones de un riesgo latente, como es el caso descrito, sino, incluso, de una forma mas activa. Es muy normal ver a los escolares católicos apedrear a las tropas, e insultar a los soldados. Casi siempre están cantando canciones patrióticas, o simples cancioncillas sobre la insoportable humedad que para los huesos de los extranjeros, guardan los cementerios irlandeses. Aunque aquí eso puede parecer extraño, allí eso es algo normal. En Irlanda, al igual que antaño en España, la cultura transmitida de padres a hijos es muy importante, el temor de Dios, y el amor a la patria son inculcados desde la infancia, eso en principio y luego ya viene la cultura de combate que se vive día a día, pues desde que nacen oyen hablar a sus padres, tal vez incluso, han visto esconder armas o fabricar artefactos, tal vez también han llorado a parientes próximos muertos por el enemigo; saben, ademas, que la violencia es el único camino que les han dejado libre para salir de su situación discriminada y, como es lógico, apenas tienen ocasión de ello saltan a la brecha.

La "minoría católica" cada vez es menos minoría, pues el índice de natalidad entre los católicos aumenta día a día, y cada vez su numero se acerca más al de los protestantes. Tanto es así, que en algunas de las manifestaciones de los protestantes se ha llegado a pedir que se obligue a los católicos a utilizar anticonceptivos. Los niños son el futuro de Irlanda, y los británicos lo saben.

El frente protestante.


Dentro del frente protestante hay varias organizaciones que destacan.

Una de ellas es la Orden de Orange, una organización fran-masónica formada por unas novecientas mil personas. Este instrumento del mas riguroso y fanático poder protestante nació en 1795. Su fanatismo anticatólico es bien patente, y para ellos "está claro" que es el Vaticano quién gobierna en Dublín y que si el día de mañana el Ulster se integrase en la República de Irlanda, las hogueras de la Inquisición llamearían en las calles de Belfast.

A las logias de la Orden de Orange las manda un llamado Gran Consejo Negro Imperial, que hace y deshace carreras políticas, que se interfiere en los negocios y que mueve voluntades por medio del halago, de la presión o del terror. Su poder político lo ejerce a través de Partido Unionista, que domina tanto el Parlamento como el Gobierno del Ulster. Hijo menor protegido del Partido Conservador británico, el Partido Unionista se encuentra integrado por cuatro grupos: la burguesía industrial, la pequeña burguesía ciudadana, la clase obrera y 1a clase campesina. Como se ve, la representación no puede ser más amplia, y se explica porque si el unionismo, por una parte, dora los cuarteles de la plutocracia, por otra parte, en el campo y en las fábricas, actúa enfáticamente, eliminando del mercado del trabajo a los obreros y a los campesinos católicos. Y esto es importante en una zona en la que el fantasma del desempleo siempre ha sido muy tangible.

Aunque la gran tajada, en el reparto de prebendas, se la llevan los barones industriales y los llamados aristócratas terratenientes, también los elementos de la "clase baja" acceden a altos puestos gracias a su etiqueta orangista.

No todas las personas importantes del unionismo son orangistas, pero la verdad es que el orangismo está casi siempre presente en todas las manifestaciones del movimiento protestante del Ulster.

Los orangistas, perfectamente aleccionados por su doctrina, que es la doctrina de unos privilegios a los que en modo alguno entienden renunciar, se distinguen por su falta total de realismo a la hora de enfocar los problemas del Ulster. Ellos, desde hace siglo y medio largo, han definido sus posiciones: bien y mal, protestantes y católicos, fieles súbditos de la corona y rebeldes fenianos; señores y esclavos.

El primero de Julio de cada año salen a la calle para celebrar la victoria que obtuvo Guillermo de Orange sobre las fuerzas irlandesas, y las calles unionistas de Belfast se llenan de banderas británicas; ese día, el racismo mas anticatólico se hace presente en Irlanda, y da fuerzas a la razón colonial.


El reverendo Paisley.

Cuando se habla del ostracismo protestante, un nombre aflora fácilmente a los labios: el del reverendo Paisley. Enormemente alto, enormemente fuerte, con un vozarrón capaz de derribar muros, Paisley, que fue expulsado del orangismo. es uno de los bastiones unionistas más fuertes.

Los españoles lo pudimos conocer por la TV, cuando se puso a insultar al Santo Padre en el momento en que este se disponía a hablar a los diputados de la Comunidad Europea.

Paisley, que se hizo sacerdote siguiendo un curso de correspondencia, es el jefe de una iglesia que él mismo ha fundado: la Presbiteriana Libre.

Su "misión", como é1 la llama, entró en una etapa trascendente en 1965, cuando, montado en un automóvil tapizado de pancartas, se paseó dando alaridos ante el Parlamento de Stormont, donde los primeros ministros del Ulster y del Eire celebraban una reunión conjunta. En aquella época la gran mayoría de los protestantes le trataban aún, simplemente, de "imbécil" incómodo o le ignoraban.

Poco a poco, la fuerza incendiaria de sus discursos le hicieron ganar prosélitos. Creó en torno suyo unas milicias dirigidas por el mayor Bunting, un antiguo oficial dado de baja en el ejército británico por sufrir ataques de esquizofrenia. Editó un periódico, "The Protestant Telegraph", en donde se anuncian libros como el titulado "El terror católico, hoy", y en sus columnas se dice que el Gobierno de Londres pretende "regalarle" Gibraltar a España y las Malvinas a la Argentina.

El reverendo Paisley se ha convertido en todo un personaje y su ascensión a la popularidad ha sido siempre ascendente. Su lenguaje -constelado de términos tales como "hordas católicas" y "papistas bolcheviques"- ya no hiere la buena educación de ningún unionista. Por el contrario, se trata de un modelo de expresión corriente y común.

La vertiente militar de Paisley comenzó en 1966. Por aquellas fechas actuaba todavía la vieja organización "Ulster Volunteer Force", que fue prohibida en 1971, debido a los descarados, y múltiples asesinatos que cometía.

Rápidamente, el reverendo sacó partido de la situación, organizando con los restos de la disuelta, dos milicias muy parecidas: el "Ulster Constitution Defense Comittee" y los "Ulster Protestant Volunteer". Con el tiempo estas milicias se convirtieron en la (UFF) "Luchadores por la Libertad del Ulster" y la renovada (UVF) "Fuerza de Voluntarios del Ulster". Estas fuerzas, del mas puro estilo ultraderechista, cuentan con diez mil hombres, y son quienes han dado solidez al virulento pastor, y a otras organizaciones unionistas.

Otro personaje importante dentro del mundo unionista es Gary McMichael, líder del Partido Democrático del Ulster, próximo a la Asociación para la Defensa del Ulster.

Estas organizaciones cuentan con numerosos crímenes a sus espaldas, pero casi siempre, el "juego sucio", lo ha estado haciendo, por ellos, las fuerzas regulares británicas, y la Policía especial para Irlanda del Norte (Royal Ulster Constabutary, RUC), encargados de restablecer el orden "británico" en la zona.

Los Católicos "moderados".

No todos los Irlandeses están totalmente con el Sinn Fein. Algunos discrepan por diferentes razones. Algunas de estas razones pueden estar justificadas, y otras no.

Uno de los personajes que ha discripado sin razón justa, es el oportunista John Hume, líder del Partido Social Demócrata Laborista (SDLP), quien siempre habla de moderación, de tolerancia y de respeto. Es el elemento que necesitan los británicos. El colaboracionista de turno, el burgués radicalizado que juega a nacionalista y a católico, el vendepatrias que sabe jugar a dos fuegos sin quemarse en ninguno.

Bobby Sands.


Uno de los fenómenos más importantes de los últimos tiempos para la causa irlandesa, ha sido sin duda el proceso de resistencia que Bobby Sands llevó a cabo en las cárceles británicas.

La vida de Bobby Sands no fue más que el reflejo de una sociedad acostumbrada a luchar, a combatir y a morir. Su caso conmocionó al mundo, y se convirtió en uno de los acontecimientos que más relanzó propagandísticamente al IRA, tanto a nivel nacional como internacional. Con su muerte, el IRA, y en general toda la causa irlandesa se legitimaron ante los ojos de la opinión pública mundial, y a nivel irlandés supuso un engrandecimiento de la organización armada, y un avance de las tesis militares.

Bobby se alistó a los provisionales cuando tenía dieciocho años. En Octubre de 1972 fue arrestado. Pasó los siguientes tres años en la cárcel de Long Kesh, con los presos de categoría especial. Fue puesto en libertad en 1976 y se convirtió en activista de la comunidad, relacionado con el movimiento Republicano.

Seis meses más tarde, Bobby Sands volvía a ser arrestado. Empezó a escribir para el "Republican News". Sus artículos eran sacados de la cárcel en pequeños trozos de papel higiénico, y mostraban, con todo detalle, la terrible realidad de la vida carcelaria. En esos momentos los nuevos presos del IRA habían perdido su "status" de presos de categoría especial, y pasaban a ser tratados igual que los presos comunes. Eso hizo que los nuevos detenidos organizaran una protesta que pasó a ser conocida como los "hombres de las mantas".

Bobby se ofreció como voluntario para la primera huelga de hambre, y se convirtió en el jefe de los prisioneros del IRA, reemplazando al histórico Brendan Hugues. Primero se pedía que los prisioneros no llevarían la ropa de prisión, ni harían ningún trabajo. Tras unas negociaciones con las autoridades, y cuando parecia que la huelga iba a terminar, Bobby declaró: "Se hizo claro, durante una de mis reuniones de 'cooperación' con los funcionarios de la cárcel, que ellos exigían nuestra total sumisión, lo que en esencia significaba la aceptación del reglamento criminal de la prisión".

Bobby se ofreció para dirigir la nueva huelga de hambre. Estaba convencido de que la gente tendría que morir para ganar el "status" de preso político que como miembro del IRA se merecía.

Mientras tanto en la calle Bobby Sands recibía el apoyo incondicional de su pueblo, e inesperadamente se le presentó a unas elecciones en la circunscripción de Fermanagh-South Tyrone, debido a la muerte repentina del parlamentario que la representaba, y con gran sorpresa para todos resultó elegido.

De todas formas el gobierno de Londres no cedió, y Bobby continuó con su huelga. A los 50 días de no comer, el estado de Sands ya era desesperante. Ferviente católico, recibió la extremaunción, y finalmente, después de 66 días de espantosa agonía, Bobby murió.

Cientos de miles de irlandeses mostraban su solidaridad, y los lirios de Pascua, el símbolo del levantamiento de la Semana Santa de 1916, comenzaron a amontonarse en su tumba. Las banderas republicanas, y estandartes irlandeses acompañaban a una inscripción que decía:
"Bobby Sands, diputado, voluntario del IRA".

En la calma tensa que rodeó a sus funerales quizá germinaba el tormentoso futuro de Irlanda.

No fue el último en morir. Después de él, 10 activistas mas perdieron la vida en la huelga de hambre, hasta que finalmente el IRA dió orden de finalizar la protesta.

Bobby Sands murió, y la Thatcher ganó, por lo menos al principio, pues lo que no esperaba la Dama de Hierro, es que desde entonces el IRA, y el Sinn Féin iban a reforzar sus posiciones como nunca lo habían hecho hasta entonces.

El ejercito republicano irlandes.

De todas las fuerzas que concurren en el escenario del Ulster, la más veterana e importante es el "Irish Republican Army" (IRA). Los antecedentes de este grupo armado se pierden en la noche de la opresión inglesa. El IRA del siglo XVIII eran aquellos "Defenders", "White Boys" y "Hearts of Oak", que actuaron contra el invasor, acudiendo al único recurso que éste les dejaba libre: la violencia. Y se puede reconocer el espíritu del actual IRA en los "Irish Volunteers" de 1779; en los "Right Boys" de 1786; en los "United Irishman" de 1791; en los miembros del movimiento "Joven Irlanda" de 1848; en los "Fenianns" de 1867; en la Hermandad Irlandesa, Voluntarios Irlandeses y Ejército Ciudadano Irlandés, que nacen a principios del presente siglo como respuesta a la creación, por el lider protestante Edward Carson, del ejército secreto "Ulster Volunteers"...

En realidad el IRA, tal como hoy lo conocemos, se funda tras los sangrientos sucesos de la Pascua de 1916, y, mas concretamente, a partir de los restos del "Irish Republican Brotherood"; la facción ultranacionalista responsable de aquel alzamiento y cuyos siete jefes fueron pasados por las armas, victimas de la represión británica. Fuerza admirada y honrada tras la independencia del Sur de Irlanda, que tanto contribuyó a alcanzar; su toma de posición contra quienes admiten la partición del Eire, le lleva a enfrentarse con el recién creado Gobierno de Dublín, que la acabará colocando al margen de la Ley. Pese a ello el Ejército Republicano Irlandés continuó actuando, y su hacha de guerra seguió en alto mientras las tropas británicas siguían en tierra irlandesa.

El IRA se iba forjando día a día, sufrirá giros y reveses, pero la lucha continuaba. Cuando sus miembros salen de la cárcel, muchos vuelven a la organización, pues la vida solo podrá reanudarse cuando Irlanda sea libre, cuando la guerra contra el británico haya finalizado.

El IRA, cuya popularidad es ahora inmensa, paso por un grave periodo entre Enero de 1970 y Agosto de 1971, cuando la organización se escindió en dos ramas: Los "oficiales" y los "provisionales". El cisma fue una cuestión de tipo político y generacional. Los "oficiales", o "rojos", hablaban de negociaciones, de calma, de hacer que todo el entramado de la causa irlandesa pasara por un socialismo de tipo casi marxista, mientras que los "provisionales", o "verdes", exigían la actuación armada inmediata y contundente, sin bandera política alguna; sin más bandera que la de la reunificación de Irlanda.

Hacía ya algún tiempo que las divergencias de criterio, en cuanto a la actuación teórica y práctica, eran notorias en el seno del IRA. Eran tiempos en que todos los grupos que planteaban una lucha del estilo clásico de "Liberación Nacional" se acercaban al marxismo soviético, seducidos por su mensaje, que en el Eire también tenía connotaciones de lucha de clases, amén del apoyo que los soviéticos daban a este tipo de organizaciones. Pero el problema no se planteó desembocadamente hasta Enero de 1970, con ocasión del congreso del "Sinn Féin", partido del que el IRA es su brazo armado. Hasta el momento, el "Sinn Féin" había mantenido las tesis de que no se debía dialogar con el gobierno de Dublín, ni con el de Belfast, ni con el de Londres, por tratarse de tácitos aliados, y más de lo mismo. Ahora bien, una moción solicitaba variar de política y entrar en el juego electoral de Dublín, concluyendo con la doctrina abstencionista. Sometida a votación esa propuesta, obtuvo la mayoría necesaria de dos tercios, y en vista de ello quienes se habían opuesto a su aprobación abandonaron el Congreso, dando nacimiento, así, al "Sinn Féin"-Auténtico. Otros problemas, esta vez con los supuestos "marxistizantes" terminaron también en roturas y escisiones.

Finalmente quedó el IRA-provisional con su brazo político el Sinn Féin, que primaban la lucha armada por encima de la política, y que es el grupo que conocemos hoy día como IRA, y como Sinn Féin, siendo estos los mayoritarios.

Mientras que por otro lado quedó el IRA-oficial, que tras sufrir ciertos avatares finalmente se convirtió en el INLA (Irish National Liberation Army) y su brazo político el IRSP (Irish Republican Socialist Party), de carácter marxista, conservando la lucha armada, y que actualmente tiene una pequeña implantación, realizando en algunas ocasiones acciones armadas de cierta importancia. Aunque actualmente parecen más preocupados en matarse entre ellos mismos, por problemas y diferencias en el seno de la organización armada.

Y finalmente otra sección del IRA-oficial se convirtió en el WP (Workers Party), que es un partido de izquierda irlandesa.

Las divisiones entre los oficiales y los provisionales, y entre los que continuaron en el Sinn Féin, fueron llevadas a cabo por los mismos protagonistas, ya que la simbiosis entre IRA y el Sinn Féin es bien patente.

La gran mayoría de los actuales jefes del IRA son personas que entraron en la organización de muy jóvenes, con 14 ó 15 años, y que continúan en la lucha durante toda su vida. En muchos casos sus padres y abuelos también fueron del IRA, y ellos supieron recoger la espada que un día liberara a Irlanda de las tropas británicas.

En una entrevista concedida al periodista español José Antonio Sierra, y que fue publicada en 1971 en "El Diario Vasco", Joe Cahill, jefe de los provisionales manifestó lo siguiente: - "El IRA-Provisional nunca ha reconocido a los gobiernos de Belfast, Londres o Dublín, ni piensa reconocerlos en el futuro hasta que no se firme un auténtico tratado de paz con la Gran Bretaña, previa condición de la retirada de las tropas británicas de Irlanda y la reunificación del país... El pueblo irlandés continuará la lucha todo el tiempo que sea necesario hasta que no quede un solo soldado británico en Irlanda y consiga la libertad total... y el IRA-provisional entiende por libertad total la consecución de la reunificación de Irlanda y de los diez puntos principales del partido "Sinn Féin", es decir:

  • 1. La nacionalización de la banca y de las principales industrias del país.

    2. El establecimiento de relaciones comerciales con todos los paises del mundo para diversificar más nuestro comercio exterior y acabar, así, con el monopolio colonial económico de la Gran Bretaña.

    3. La creación de cooperativas, formadas con las industrias nacionalizadas por el estado y en las que todos sus trabajadores tendrían acciones.

    4. La nacionalización y reforma de la enseñanza, para acabar con el clasismo social a través de la educación.

    5. La nacionalización del suelo, en las ciudades, para acabar con la especulación actual y programar la construcción masiva de viviendas.

    6. La protección de la industria pesquera nacional, vital para la economía del país.

    7. El establecimiento gratuito de todos los servicios de sanidad y el perfeccionamiento de la seguridad social.

    8. Imposición y enseñanza obligatoria de la lengua irlandesa -idioma nacional- en todas las escuelas, y que gradualmente iría ocupando el lugar que, hoy, tiene la lengua inglesa.

    9. Formación de un Parlamento Nacional para gobernar el país, en el que estarían representados los cuatro consejos de la división provincial histórica de Irlanda: Ulster, Connacht, Leinster y Munster.

    10. El establecimiento de relaciones diplomáticas con todos los paises del mundo, sin distinción de razas, religiones o sistemas políticos."

  • El IRA cuenta con un gran apoyo entre la población católica, y cuando uno de sus hombres cae, el calor popular le acompaña. En los entierros los féretros son cubiertos por la bandera verde, blanca y naranja; cientos de personas hacen de escolta con armas y uniformes, gaitas irlandesas emiten antiguas canciones, y miles de personas acompañan al caído al Campo Santo.

    La Iglesia Católica ha condenado en algunas ocasiones las acciones del IRA, e incluso ha llegado a excomulgar a algunos de sus comandos. Aunque también es verdad que muchos sacerdotes son miembros del IRA, y que en las cárceles se encuentran arrestados algunos religiosos; pues el derecho a la rebelión, en determinados casos, se halla reconocido por la propia doctrina de la Iglesia, y ese derecho en el Ulster es incuestionable. El mismo Vaticano no ha reconocido la partición de la isla, y considera a Irlanda como una unidad desde el punto de vista religioso.

    El Sinn Féin goza de una gran popularidad, y su poder de convocatoria es enorme. Sus jefes siempre están en la primera línea, y son los encargados de dirigir al movimiento patriótico irlandés. El líder del Sinn Féin es Gerry Adams, quien cuenta con todo el apoyo del partido. Empezó militando de joven, y sus propuestas le llevaron hace unos años a la dirección del partido. El numero dos es Martin McGuinness, quien también empezó militando en la rama juvenil del movimiento republicano.

    Conclusión.


    La Causa Irlandesa es una causa justa, por tanto la guerra que se desarrolla en Irlanda del Norte es una guerra justa desde un punto de vista teológico. Los irlandeses están invadidos y explotados por los británicos, y estos no están dispuestos a marcharse por las buenas, por lo que la lucha armada es el único recurso que le queda al pueblo irlandés para hacer frente al opresor. Su lucha no es el invento de ningún nacionalista de turno, tal como pasa aquí con el nacionalismo Bizkaino.

    Desde siempre, y en todos los tiempos, España ha venido apoyando a Irlanda. Ya en tiempos de Felipe II, España mostraba sus simpatías por la isla, y durante toda nuestra historia siempre ha sido así, por muy diferentes que fueran los gobiernos que hubiera en España. Por otro lado también hay otro tipo de simpatías, pues nuestros dos paises son católicos, y los dos son de espíritu antibritánico. También hay que recordar que muchos irlandeses lucharon en el pasado en nuestros gloriosos Tercios de Flandes. Por otro lado, curiosamente hay muchos matrimonios mixtos entre españoles/españolas con irlandesas/irlandeses. También nos une el hecho de que ambas naciones tienen una parte de su territorio ocupado por los británicos, y estos no parecen dispuestos a entregarnos por las buenas lo que a ambas nos pertenece. Otra cosa curiosa es la cantidad de militares españoles que ha habido siempre en España con apellidos de origen irlandés, y sobre todo también hay que recordar que 600 irlandeses murieron por Dios y por España durante nuestra guerra civil en el bando nacional.

    Hoy en día muchos irlandeses simpatizan con ETA pues se creen que lo que ocurre en Euskal Herria es lo mismo que lo que pasa en el Ulster. Por eso se hace necesario explicar a los irlandeses que ETA no equivale al IRA en España, y que la causa "etarra" nada tiene que ver con lo que disputa el IRA contra los británicos. La causa etarra en Irlanda sería como si uno de los cuatro territorios históricos irlandeses quisiera separarse de Irlanda, y para ello matara y extorsionara a todo el que se le pusiera por delante. Si es verdad que el pueblo vasco está oprimido, pero lo está desde que las tropas liberales vencieron a los carlistas vascongados. Y son esos liberales los que hoy se esconden con sus múltiples caras y filosofías detrás de ETA.

    Esto nos ha de hacer reflexionar, y nos ha de hacer ver lo importante que es el contar con una "oficina internacional" en donde podamos explicar nuestra versión de las cosas. Herri Batasuna, la izquierda en general, e incluso la extrema derecha siempre han sabido que en el extranjero hay muchas posibilidades de explicar sus puntos de vista, de poder convencer, y de
    sacar algún tipo de apoyo de esa relación.

    Por eso se le hace indispensable al Patriotismo Revolucionario contar con un frente de propaganda internacional en donde pueda contactar con grupos similares a él, y en este caso podría ser el irlandés, de la misma forma que la izquierda, la derecha y la extrema derecha lo hacen con sus homólogos en el extranjero.

    De todas formas respecto a Irlanda nuestra posición ha de ser clara: Queremos una Irlanda libre.

    Por otro lado, la causa irlandesa es muy interesante para todo el movimiento patriótico revolucionario español, ya que nos puede enseñar muchas cosas. La causa es simplemente patriótica, y sus intereses son patrióticos. La táctica cambia en cada momento, y no se quedan anclados en posturas anticuadas. Han sabido crear centros culturales, asociaciones de música tradicional irlandesa, bares típicos, y todo un entramado en donde la cultura de combate, y de lucha están siempre presentes. La causa se transmite de padres a hijos, y el relevo siempre está garantizado. El amor por ta tierra y la patria, junto con el temor de Dios, son lo único importante, y no se atan a ideologías que más tarde o más temprano pueden perjudicar a la causa.

    Para finalizar este dossier vamos terminar con unas declaraciones que hizo Joe Cahill, líder del IRA-provisional al periodista español José Antonio Sierra:

    "Admiro al pueblo español por su coraje y por la forma en que luchó durante la guerra civil de 1936, en ambos bandos.

    España es el país de Europa que mejor puede comprender por qué luchamos -en lo que se refiere a la unidad nacional-, puesto que ustedes todavía tienen parte de su territorio ocupado por la misma bandera que ondea en el norte de Irlanda.

    Inglaterra se apoderó de Gibraltar a traición: expulsó a sus habitantes como hizo en el norte de Irlanda; admitió a una población distinta a la española y continuará allí, hasta que ustedes no la echen a la fuerza, amparándose en el derecho de genoveses, judíos, jubilados de las excolonias británicas y de la guarnición que tiene destacada allí para que no disminuya tanto la población.

    Aunque, para ustedes. esa minúscula roca, con unos pocos monos y 25.000 extranjeros no signifique tanto como los seis condados del Norte para nosotros, sin embargo el proceso de
    conquista ha sido casi el mismo. Y las razones para no dejarlos serán idénticas a las de Gibraltar.

    Claro que, más pronto o más tarde, como los ingleses son tan prácticos, tan pronto como vean que su posesión es antieconómica acabarán por dejar Gibraltar y el norte de Irlanda.".

    R. Esclat



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