nº 81
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«Europa respira con dos pulmones, no solo desde el punto de vista religiosos, sino también cultural y político»

[Juan Pablo II ]

La Europa de la genuina libertad al amparo de la Verdad y el Bien -entendidos éstos como categorías permanentes de razón-, que ha sido una realidad espiritual, más que física, y que coincidía y estaba mejor definida como la Cristiandad, ya no se encuentra en la Europa geográfica, en peligro de uniformización por entes políticos tiránicos basados en la ilimitacion jurídica y en el relativismo moral

 

Revista Arbil nº 81

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ISSN: 1697-1388


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La Conferencia Episcopal Española nos ayuda a confirmar el origen divino de la Iglesia.

En los años siguientes a la Primera Guerra Mundial –cuenta José Orlandis–, un joven llamado Gétaz, que ocupaba un alto cargo dentro del socialismo suizo, recibió de su partido el encargo de elaborar un dossier para una campaña que se pretendía lanzar contra la Iglesia católica.

Gétaz puso manos a la obra, con la seriedad y el rigor propios de un político helvético, y recogió multitud de testimonios, estudió la doctrina católica y la historia del cristianismo desde sus primeros siglos, de modo que en poco tiempo logró reunir una amplísima documentación.

El resultado de todo aquello fue bastante sorprendente. Paso a paso, el joven político llegó al convencimiento de que la Iglesia católica no podía ser invención de hombres. Dos mil años de negaciones, sacudidas, cismas, conflictos internos, herejías, errores y transgresiones del Evangelio, la habían dejado, si no intacta, sí al menos en pie. Las propias deficiencias humanas que en ella se advertían a lo largo de veinte siglos –mezcladas siempre con ejemplos insignes de heroísmo y de santidad–, las veía como un argumento a favor de su origen divino: "Si no la hubiera hecho Dios –concluyó–, habría tenido que desaparecer mil veces de la faz de la tierra".