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Disposición de la Jefatura del Estado por la que se liberan a todos los etarras con delitos de sangre
[ BOE: 248 de 17/10/1977, páginas 22765 y 22766]

Marzo, un comienzo apasionante

por autor

Dios y nuestros padres nos hicieron para que vivamos la libertad en plenitud, no para que nos quejemos de fuerzas que supuestamente nos manejan y condicionan

Se inician tantas cosas en estos primeros días de marzo.

Parten ya el año escolar y el curso académico en la Educación Superior; se inicia el año judicial; comienza la Cuaresma con su ritual de ceniza; un nuevo Gobierno y un nuevo Parlamento se estrenan también en estos días; y acaban de partir los eventos deportivos que nos congregarán y dividirán según nuestras legítimas pasiones.

El problema es que usamos el "se inicia", así en impersonal, como si unas fuerzas ocultas manejaran cada uno de esos procesos, dentro de los cuales nosotros, las personas, no pasaríamos de ser simple espuma llevada por esas mareas y marejadas. Por eso se suele hablar de los agobios de un marzo que se aparece lleno de problemas y desafíos, a los que hay que capear como a las olas, para no ser revolcado por el mes maldito.

Mala cosa ese enfoque, porque deja al sujeto como ente pasivo que, en el mejor de lo casos, busca huir a la arena de los fines de semana para evitar ser arrastrado mar adentro.

El planteamiento debe ser justo el contrario: precisamente porque se inician muchas cosas en marzo, es que entonces se presentan múltiples oportunidades de influir y mejorar este mundo nuestro y, en concreto, este Chile tan necesitado de auténticos actores de sus propias vidas.

Es cierto que todo inicio lleva un misterio asociado a los orígenes del mundo y a los de nuestra propia existencia. Hubo una creación y hubo una concepción, de las que no somos autores, sino efectos. Pero esas causalidades ajenas a nuestra voluntad han querido que seamos ahora, cada uno de los vivos, los que efectivamente impulsemos el curso de la propia existencia.

Dios y nuestros padres nos hicieron para que vivamos la libertad en plenitud, no para que nos quejemos de fuerzas que supuestamente nos manejan y condicionan.

Si la situación de la educación es mala en Chile, la solución la tenemos los profesores; si algunos miembros del poder judicial muestran a cada rato sus hilachas, los actores jurídicos deben tejer una trama nueva; si cada católico comprueba sus debilidades, a tomarse en serio la penitencia personal nos llaman; si la Presidenta despierta sospechas y dudas, haga oposición razonable y fundada; si el parlamento discute bobadas, dígalo y proponga a cambio algo inteligente y sano; si su equipo favorito apenas está a mitad de tabla, comience a ir a San Carlos, aunque eso no sea frecuente en esa parcialidad cuando las cosas no resultan.

Claro, todo eso implica tener un fin en la vida: algo más que capear marzo nos debiera mover.

Para averiguar qué fin nos atrae, el recordado Frank O´Malley se solía plantear a sí mismo: "Nos debemos comprometer -como diría Josef Pieper- al acto filosófico; nos debemos hacer preguntas filosóficas:

¿qué es el trabajo -y qué es el trabajo intelectual- mirado en el conjunto de las interrelaciones de la vida? ¿Qué es el aprendizaje? ¿Qué es la sabiduría? ¿Qué son el orden y la disciplina? ¿Qué son la autoridad y la obediencia? ¿Qué son el amor y la amistad? ¿Quién es la persona humana? ¿Existe una escala de bienes? ¿Cuáles cosas no importan en absoluto? ¿Cuáles son los últimos fines de la vida? ¿Y cuáles los medios para conseguirlos? Vivimos de estas realidades básicas; vivimos para ellas y con ellas; las regulamos y reformamos; pero, ¿sabemos qué son?"

Sólo buscando estas respuestas, marzo será el inicio de cosas muy buenas, fecundas y duraderas

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