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Cambia una constitución abortista, tal como confirma el organismo encargado de interpretarla a través de las Sentencias del Tribunal Constitucional de 53/1.985, de 11 de abril y de 116/1999, de 17 de junio . No permanezcas indiferente ante una legislación tiránica

Tres lugares comunes

por Gonzalo Rojas Sánchez

En Chile, como en España son los mismos tópicos típicos los que se usan para justificar las tesis malminoristas de elección de partidos "centrorreformistas", que llevan a perpetuar los cambios sociales y morales propiciados por sus líderes y por los partidos "progresistas"

Rico en sorpresas políticas el fin de semana; y, por contraste, fome, plano, en las reacciones de tantos electores decepcionados con el nuevo escenario, lo que se ha expresado en los reiterados lugares comunes, de sobremesa o de pasillo, de metro o de mail (Y eso que no vamos a desglosar los slogans que son pura crítica, como la referencia a "la "vocación suicida de la derecha", sino sólo los que buscan proponer acciones de futuro).

El primero de los reiterados lugares comunes de estos días ha sido el consabido: "Lo importante es evitar un cuarto gobierno de la Concertación, un gobierno de la Bachelet."

Como todo lugar común, bien lo explicó Bloy hace ya un siglo, la frasecita tiene su atractivo inicial. Cualquiera que analice los gobiernos de la Concertación desde el pensamiento y la mentalidad conservadora, no puede sino espantarse con la perspectiva de cuatro años más, probablemente los peores que podamos imaginar en materias culturales, morales y sociales. Pero así, enfocada toda la energía a la derrota de la opción presidencial concertacionista, se olvida fácilmente que buena parte de la pésima legislación aprobada en los años anteriores, se debe sobre todo a las mayorías de la Concertación en las cámaras, y, oscurecida esa realidad, se debilitan los esfuerzos para que desde marzo haya un parlamento que sea auténtico contrapeso, ojalá con mayoría de una vez por todas para los buenos parlamentarios de la Alianza.

El segundo lugar común es aún más atractivo: "Lo importante es llegar al poder para poder realizar los cambios que Chile necesita." Sin duda que el poder concertacionista ha sido tan arrollador como corrupto, y cualquier opción debiera ser menos mala. Hasta ahí, estamos bien. Pero, ¿de qué proyecto auténticamente bueno para Chile estamos hablando en las actuales candidaturas de la Alianza, como para poder confiar en ellas a fondo? ¿Son esos candidatos personas sólidas en sus concepciones antropológicas, morales y culturales como para garantizar que no vamos a hacer el loco, que no nos vamos a tomar la cabeza a dos manos al ver algunas de sus políticas, si uno de los dos llega a La Moneda? ¿No nos hablan sus recientes declaraciones en uno de ellos, y sus renovadas maquinaciones en el otro, de una manga muy ancha, muy poco seria, para conquistar votos y nominaciones? El poder, sí el poder, pero cuidado con corromperse aún antes de llegar a él.

El tercero: "Lo importante es encontrar fórmulas para recuperar la unidad de la Derecha." Buena cosa, porque la unidad es siempre señal de vida sana. Pero no se deben conservar en el organismo los humores desechables, porque lo debilitan, lo enferman. Y, al mismo tiempo, no se amputan los miembros débiles, simplemente porque le den trabajo al cuerpo. La unidad pasa, entonces, por la clara convicción de que todos aquellos que no compartan un piso común, están muy bien en otro lado. ¿Cómo se define eso? Ya tendrá que venir a comienzos del 2006, sin elecciones por delante, el año de las reflexiones doctrinarias de fondo en el sector, que mucho tiempo hemos perdido en encuestas y estadísticas varias. Y deberán hacer esa reflexión los partidos, y los intelectuales, y los técnicos y los servidores históricos de la Patria; todos.

Sí, porque la unidad implica además tender una mano a quienes hoy experimentan la humillación del olvido, porque habiendo sido fuertes para salvar a Chile desde 1973, hoy se los considera leprosos. Sin ellos, sin los militares y civiles que derrotaron al marxismo, la unidad de la derecha no será sólo un lugar común, será además una tragedia a corto plazo.

Y sin esa unidad auténtica, nunca se llegara a derrotar al PRI chileno, y nunca se llegará de buena forma al poder.

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Gonzalo Rojas Sánchez


Todos a Colonia con el Papa

 

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